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Old April 22nd, 2011 #2
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Prefacio a la edición castellana

El presente libro podría ser un manual universitario, en el cual se podrían haber estudiado los orígenes de nuestros pueblos de un modo claro y fecundo. De hecho, lo habría sido si en 1945 hubiese vencido Europa. Sin embargo, desgraciadamente, en ese oscuro año se consumó un desastre mucho más vasto que una derrota militar. Dos concepciones del mundo se enfrentaron en una guerra por la existencia. Todavía continúan haciéndolo. Ya no son los esqueletos de sus ciudades arrasadas lo que ven los ojos de los vencidos, ni lo que oyen es el fragor de las bombas, sino que lo que contemplan es un mundo extraño, fundado sobre valores profundamente ajenos, mientras que los bombardeos han sido sustituidos por un proceso permanente de desinformación, de simple mentira. Lo que se consumó en 1945 no fue una mera derrota militar. El cese de las hostilidades fue seguido por una política de “vacunación” destinada a evitar una nueva toma de conciencia, un rearme ideológico y ético, a la par de humano, que permitiese a Europa reanudar la lucha. El Sistema concibió planes y estableció directrices en los más diversos ámbitos. Y uno de sus objetivos esenciales consistió en llevar a cabo un proceso de eliminación de las señas de identidad de Europa, en cuyo contesto se encuadra la extensión de la confusión sobre el origen y naturaleza de Europa: el hecho de que la etnología, la arqueología, la antropología, junto al estudio de las religiones o la sociología antigua hasta mediados de la década de los cuarenta hubiesen establecido que los primeros indoeuropeos habían constituido un pueblo aristocrático, guerrero, de origen septentrional y de raza nórdica, poseedor de una concepción de la vida y de lo sagrado enraizada en una tradición viva y a la vez inmemorial, y que grupos surgidos del seno de este pueblo hubiesen sido origen a diversos ciclos de civilización, creaciones análogas de un mismo elemento espiritual y humano: la India, el irán, la Hélade, Roma, la Céltica… poseía demasiadas implicaciones «peligrosas» y las consecuencias a deducir resultaban eran demasiado evidentes, y no en vano el estudio y la reivindicación del mundo indoeuropeo había ocupado una posición central en la ideología y el «mito» que acababa de ser derrotado (Lothar Kilian alude a esta cuestión cuando escribe «pronto tras la Segunda Guerra Mundial se consideró que la única tesis planteable era la del origen oriental de los indoeuropeos mientras que la tesis del denominado círculo nórdico quedaba anticuada». No cabe mayor sutilidad) Por esta razón se falsearon datos de excavaciones, se elaboraron teorías absurdas (se pretendió que la lengua indoeuropea se reducía en realidad a un conjunto de isoglosas y poco más, que la Europa central y nórdica había sido indoeuropeizada lingüísticamente por los portadores de culturas arqueológicas de las que no existe el más leve indicio en esos espacios, que los indoeuropeos originarios, en realidad, no eran sino campesinos anatolios del primer Neolítico… y así hasta la saciedad y no se tuvo escrúpulo en mentir deliberadamente y a conciencia. La «cuestión indoeuropea» había sido completamente «desactivada».

En el presente trabajo, que mereció la alabanza del especialista en indoeuropeística Giacomo Devoto, y que constituyó la introducción a la edición italiana obra de H. F. K. Günther, Frömmigkeit nordischer Artung, y en el caso del excurso sobre los orígenes del latín, un artículo publicado en la publicación Ordine Nuovo (nº 4, diciembre 1971), Adriano Romualdi realiza una doble tarea: por un lado, recogiendo los trabajos de especialistas que realizaron su obra hasta la década de los cuarenta (Specht, Meyer, Schulz, Antoniewicz, el propio Günther…) conjugándolos con los resultados de la lingüística comparada de décadas posteriores (Krahe, Thieme) exponiendo un corpus doctrinal del máximo nivel científico que resulta contundente en sus conclusiones, estableciendo claramente la ubicación de la Urheimat de nuestros antepasados en la zona comprendida en el sur de Suecia, Dinamarca, y la llanura germano-polaca; por otro, somete a una severa crítica las tesis que durante años intentaron ocultar esta realidad, a veces incluso con cierto humor negro (C. H. Boettcher ha llamado la atención con cierta sorna sobre el hecho de que la expansión del Ejército Rojo hasta el Elba contribuía a hacer verosímiles las fantasías de jinetes nómades indoeuropeos que arrasan Europa procedentes de las estepas del sur de Rusia). En este sentido debemos expresar cierto optimismo, puesto que la comunidad científica, superada la presión de la posguerra, va guiándose cada vez más por criterios propiamente histórico-arqueológicos, en vez de político-ideológicos, con la lógica consecuencia de la revitalización de los planteamientos y teorías que se exponen en el presente trabajo. No obstante, durante los casi treinta años transcurridos desde la publicación se han producida numerosas novedades en los campos de la prehistoria y la lingüística que nos han obligado a introducir una serie de notas con el fin de poner al día la argumentación que desarrolla el autor sobre el origen y la personalidad étnica de los indoeuropeos. Uno de los elementos nuevos que han venido a trastocar todos los planteamientos sobre la prehistoria europea ha sido la revolución cronológica que ha supuesto la datación mediante el carbono 14 y su posterior calibración siguiendo diferentes métodos. En consecuencia, hemos tenido que readaptar toda la cronología empleada por el autor, quien redactó su trabajo en los albores de esta transformación, haciéndola retroceder sustancialmente*.

Es el origen racial común la base de nuestro nacionalismo europeo: no lo son las necesidades geopolíticas, ni el haber compartido una historia común, ni tampoco tener unas formas culturales muy semejantes, sino que es un nacionalista basado en la sangre. Si nuestras etnias tienen unas formas culturales comunes, si nuestros estados deben unirse política y militarmente, si nuestra gente debe seguir recorriendo la historia unida, es porque biológicamente somos un único pueblo, sin ello nada de lo demás tendría demasiado sentido, ni demasiada importancia. Somos lo descendientes de aquellos indoeuropeos que dieron comienzo a sus migraciones desde el norte de Europa a finales de la última glaciación: comunidad de lengua y comunidad de ideas, pero, ante todo, comunidad de sangre.

También, desde el CEI, y haciendo honor a nuestro nombre, queríamos dejar claro definitivamente un tema fundamental para todo el nacionalsocialismo hispánico, como es del origen de los indoeuropeos, nuestra identidad como tales y, como subraya, Adriano Romualdi, el valor de lo indoeuropeo como «mito cohesionador» para el nacionalismo europeo. Tradicionalmente hemos venido chocando con cierto miope nacionalismo español que se contentaba con el ramplón y simplista «España es diferente», cuando no apelaba a la «España mestiza» «crisol de razas» y demás (el «nacional-masoquismo» al que J. M. Fernández-Escalante lanza, irónico e inmisericorde, afiladas puyas). Pues no, España no es diferente, ni «mestiza», ni mucho menos «mora»: los hombres que hoy la poblamos somos descendientes de aquellos invasores, colonizadores o repobladores procedentes del Norte; ellos fueron los que forjaron el cuerpo y alma de este extremo sudoccidental del continente europeo, y nosotros sólo nos reconocemos en aquellos nacionalistas que ven en el Norte su origen y su identidad, más allá de que su nacionalismo sea español, castellano, catalán, abertzale o galleguista: si ven en el Norte y en la sangre su verdadera Patria, su lucha es la nuestra.

El segundo motivo que nos ha llevado a editar este libro, es presentar al público de habla hispana al autor del mismo, Adriano Romualdi, injustamente desconocido en nuestros ambientes; idealista, conjugó la militancia política con una profunda preparación ideológica, filosófica e histórica que le permitió obtener plaza de profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad de Palermo. Figura de referencia en el MSI, del que siempre fue miembro destacado, en su obra puede constatarse una incesante labor de aggiornamento del Fascismo y del Nacionalsocialismo (dos concepciones ideológicas que en su esencia resultaban para él absolutamente inidentificables), bajo el prisma de la Tradición, encaminado, sin renunciar a nada, a encarar la batalla política posterior a la derrota militar del 45; también en su planteamientos teóricos y prácticos en el terreno político, se puede ver el genio de alguien que muy lejos de nostalgias y apasionamientos sentimentales, mira la realidad desde las cimas donde sólo llegan los más grandes, su propuesta es la de un dorio, la de un ario: nada de cantos al pasado –algo tan fácil en la Italia de los años 60 y 70- nada de nostalgias de lo superfluo, pero tampoco ninguna transigencia en el campo de los valores, en la defensa de la verdad y en la denuncia de los enemigos de Europa, combate para el que hacen falta armas adecuadas y eficaces y, entre ellas, un partido capaz de ejercer influencia en la sociedad y de ganar cotas de poder real constituía la única forma eficaz y realista de hacer frente a las fuerzas contrarias, dotadas de eficaces organizaciones de esa misma naturaleza. Éste fue el sueño de Romualdi y también la realidad del MSI. Desgraciadamente, Adriano Romualdi falleció en Roma a causa de un trágico accidente de tráfico durante el caluroso verano de 1973.

Por lo que sabemos, hasta la fecha sólo se ha traducido una de sus obras al castellano, Julius Evola el hombre y la obra, por ediciones «Iskander» de Valencia, que constituye sin duda el mejor ensayo escrito sobre el Maestro italiano. Sin embargo, la obra de Adriano Romualdi no se circunscribió a un único campo, sino que trató con profundidad, seriedad y rigor una gran variedad de temas concernientes a nuestra Weltanschauung, por lo que consideramos una tarea fundamental la traducción y edición de la mayor parte de sus trabajos. En este sentido, confiamos en que Los indoeuropeos constituya el primer capítulo de esta labor.

* Las fechas ya calibradas se indican mediante las siglas BC, mientras que se emplea a C cuando por algún motivo ha sido preciso ofrecer una fecha sin calibrar. Por otra parte, hemos querido proporcionar unas orientaciones bibliográficas que puedan resultar útiles a todo aquel que desee profundizar en esta problemática. Así, con el fin de evitar que el exceso de notas hiciese incómoda la lectura hemos incluido en el texto las notas originales de Adriano Romualdi correspondientes a los capítulos I, III y III, casi todas citas textuales de obras de otros autores. Sin embargo, en los capítulos IV y V hemos mantenido las notas originales como tales, ya que por nuestra parte hemos incluido una cantidad sensiblemente menor, que identificamos con un asterisco (*) para distinguirlas de las del autor.