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Old March 20th, 2011 #2
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PRESENTACION: SEGUNDA PARTE EUGENESIA

El tema racial fue el centro de la política nacionalsocialista, y sin duda el proyecto de Water Darré , ministro de agricultura con Hitler, miembro de las SS, cofundador de la Anhenerbe, responsable de la politica de reconstrucción eugenésica del pueblo alemán, es algo que vale la pena ser conocido.

Queda la pregunta ¿es viable este plan de la nueva Nobleza de la Sangre, en nuestro mundo de hoy?. Quizás no lo sea en sus detalles, en su planteamiento concreto, pero sí en su espíritu. Nosotros hemos de plantear en el Proyecto Político nuestra solución actual, pero hemos querido editar también el texto del proyecto alemán NS en los años 30.

Este proyecto de Darré no nos exime de plantear y estudiar las soluciones para nuestra época y pueblo, pero sí nos obliga a comprender cuales son los objetivos a lograr.

LA EUGENESIA (II)

LA EUGENESIA POSITIVA EN EL TERCER REICH

EL PROYECTO DE WALTER DARRE


"Corresponderá a las concepciones racistas puestas en acción por el Estado racista el dar a luz esta época mejor (....) . Los hombres ya no se dedicaran a mejorar las especies caninas, equinas o felinas sino que buscaran mejorar la propia raza humana".

A. Hitler "Mi Lucha”.


“Está universalmente reconocido que el bienestar y el progreso de un pueblo tanto en lo físico como en lo moral están íntimamente ligados a la solidez de su estirpe. Una aristocracia biológica sana puede conducir a un pueblo al summum del desarrollo del Estado y de las costumbres".

Así comienza Walter Darré la exposición de su plan sobre la regeneración de las élites alemanas y, por ende, de todo el pueblo alemán.

La Historia prueba constantemente la influencia positiva de un clase dirigente sana.

En Roma, por ejemplo, la constitución de la "nobilitas" entre las mejores familias patricias y plebeyas permitió el enorme desarrollo de la República romana entre los siglos IV y I A.C. , hasta la llegada de César, época en la que la influencia asiática se había introducido, imponiendo un férreo absolutismo que dejaba al margen la institución nobiliaria. Ello produjo que Roma se abocara a una larga pero irremontable decadencia.

Lo que se trata es de crear una capa HEREDITARIA de dirigentes. La mera selección de individuos aislados sin permitirles transmitir sus dotes, producirá sólo una transitoria mejoría . De hecho, la evolución de ciertas formas de democracia lo confirma. El advenimiento de una democracia en un Estado aristocrático conlleva en ocasiones el acceso a los puestos de influencia de personajes de indudable mérito, pero la repugnancia que siente el sistema democrático por todo lo que se refiera a vínculos hereditarios hace que, por ley biológica, los elementos destacados vayan desapareciendo, y con ellos la vitalidad y desarrollo de ese sistema.

Por tanto, una clase superior, una verdadera elite, sólo constituye nobleza cuando está compuesta por familias y no por individuos. En palabras de Darré: "La verdadera noción de nobleza, en sentido germánico, se caracteriza por una selección de dirigentes, especialmente educados sobre la base de núcleos hereditarios seleccionados".

Hecha esta introducción ¿tiene algo que ver la nobleza histórica que conocemos con la que propone el autor alemán?. Es obvio que no, si acaso la actual "nobleza" ‑por otra parte viciada de origen, como veremos – es exactamente la antítesis de lo que aquí tratamos (1).

La nobleza histórica es la caricatura de la verdadera nobleza de los pueblos indoeuropeos primitivos. La nobleza de los indogermanos por ejemplo, reposaba exclusivamente sobre el carácter hereditario de la desigualdad humana. La nobleza germana precristiana se reclutaba entre aquellas familias que se distinguían por la pureza de sus descendientes. No importaban símbolos especiales de rango, como la corona, cetro, manto real, anillos y demás parafernalias. Toda esta chatarra se usaría posteriormente debido a la influencia de Bizancio.

En la antigua Germania, tanto el noble como el hombre libre asistían con los mismos derechos al "Thing" o asamblea. Como dice Arnold (2), "a pesar de todo su amor a la libertad , el germano estaba orgulloso de sus nobles familias. Las consideraba no con envidia sino con reconocimiento y veneración". Prueba de la sencillez y de origen campesino son los apellidos de algunas familias nobles de aquella época, como "Ochsenstiern" (Frente de Buey), "Schweinkopf" (cabeza de cerdo), o "Adlerflug" (vuelo de águila).

Pero la llegada del cristianismo iba a suponer la quiebra completa de este sistema. Como es sabido el cristianismo proclamaba la ''casualidad del nacimiento” y el más absoluto desprecio a toda idea de desigualdad, y máxime si ésta es hereditaria (3). Por lo tanto el abismo entre la nueva religión y los principios germánicos parecía insalvable, pero ¿cómo se explica entonces la cristianización más allá de los Alpes?. Simplemente por una cuestión de Estado, una medida de oportunidad política destinada a reforzar el poder real.

En efecto, el orden social germano se sustentaba sobre la asamblea de hombres libres, el ya citado "Thing", basado en la autoadministración. El rey no tenía súbditos, sino iguales que le habían investido una misión y los poderes necesarios para cumplirla. Poder que era en todo momento revocable. Era por tanto, lo más opuesto a toda idea de absolutismo. Esta idea se enfrentaba frontalmente con la romana imperial (4).

A la caída del Imperio Romano, algunos monarcas francos comprendieron que el derecho germano, perfecto para destacar la personalidad del individuo, era menos útil para dirigir y administrar un Estado según las normas de una administración organizada, concluyendo que las instituciones romanas imperiales se prestaban mucha más a ello. Pero en esta época el Cristianismo que había sido la religión de Estado en la época más decadente del Imperio, se confundía con la concepción romana del Estado, por lo que para conseguir una idea nueva de Estado era preciso introducir la religión cristiana. Por ello la vieja nobleza germánica se vio sustituida por funcionarios reales, por "paniagüados" (5). No es exagerado pensar que el cristianismo se introdujo en Europa del Norte gracias a la razón de Estado. Y no sin dificultades: recuérdese las matanzas de jefes sajones por Carlomagno en Verden (año 782). A partir de entonces dice Darré, "se ve reinar en Alemania una nobleza cristiana salida en gran parte de la aristocracia franca de funcionarios, dudosa en cuanto a la pureza de su sangre alemana" (6).

Desde que tenemos una doctrina sólida y científica de la herencia hemos visto hundirse, junto con sus prejuicios, todas las distinciones de clases sociales basadas en discriminaciones distintas al valor hereditario de la sangre. Por tanto, afirma Darré, "parece irrisorio para el hombre actual nutrido de nuestras ideas sobre la selección de la raza, considerar al noble como inferior, física o intelectualmente". Lo que queremos es también en palabras de Darré, que "la nobleza vuelva a ser una fuente viva de jefes severamente seleccionados. Hay que darles el medio de conservar por herencia la sangre que ha superado las pruebas, eliminar la sangre de calidad inferior, y permitir que sobresalgan en todo momento los nuevos caracteres de valor que se eleven del pueblo”.

Pero reconstruir una nueva nobleza no supone un salto al vacío, tiene que sentar sus raíces en las auténticas tradiciones ‑sin contaminar por doctrinas extrañas ‑ de los pueblos indoeuropeos.

Para el noble indoeuropeo su origen se fundamentaba en un ancestro de origen divino cuya sangre se transmitía de generación en generación con la máxima pureza. El fuego, siempre encendido en el hogar, simbolizaba esta continuidad de sangre, y la casa, las, tierras, el techo, sirven para mantener encendido este fuego. A su vez este fuego sagrado debía ser mantenido por la misma sangre que lo había encendido, de ahí la necesidad para los herederos de mantener la pureza de la sangre. Lo importancia de este simbolismo era tal que, según el derecho germano, la venta de una finca sólo se sancionaba cuando el vendedor había apagado el fuego y era de nuevo alumbrado por el comprador. Por tanto los conceptos de fuego de hogar, casa y familia constituían una sola cosa (7).

Aquí aparece por primera vez la idea de suelo, la tierra, como sustento básico de la familia noble, y por ende, de la raza: el suelo formaba parte integrante de la noción de divinidad y de la ascendencia divina de la familia... Para el germano el suelo y la tierra son un miembro constitutivo más de la unidad del grupo familiar" (W. Darré). Este es el origen de la doctrina "Blu‑Bo", apócope de "Blut und Boden" (Sangre y Suelo), característica del autor que nos ocupa.

Sobre este solar familiar el primogénito quedaba al cuidado de todo, con la obligación de casarse y de transmitir lo más pura posible la sangre ancestral a la descendencia, lo que conllevaba la monogamia. Los demás hijos debían partir en busca de nuevas posibilidades, lo que constituía una fuente inagotable de renovación para las profesiones no agrícolas (8).

En este punto cabe destacar el papel primordial que desempeña la idea de propiedad rural. "La concepción germánica de la propiedad está ligada de manera indisoluble a la familia, de la que constituye la base" (W. Darré), mientras que en la actualidad se han desgajado la tierra y el suelo de toda misión sustentadora de la raza, transformándose en simples productores de materias primas, negociados según el libre arbitrio de sus propietarios. El liberalismo y el marxismo lograron que el concepto de "suelo" se divorciara de la idea de familia, convirtiéndose en una mercancía más (9). "Es indiferente dice W. Darré, en el fondo, que se extraiga de la tierra carbón o coles, si el fin es el mismo: ganar dinero. En esta cuestión de la nobleza lo que es primordial es el hecho de reconocer o no la tierra como guardiana de la idea de familia y de sucesión de familias".

La Historia enseña las desvastadoras consecuencias que significan para una cultura la pérdida de una sólida y sana clase campesina. Por ejemplo, la fortísima imposición fiscal hizo desertar del campo a los agricultores romanos, tras la institución de la libre disposición de tierras, y significó el establecimiento de los grandes latifundios (10). También en Holanda, en su tránsito hacia una economía puramente financiera, se arruinó a la clase rural, salvo en Frisia, donde se había conservado el tradicional derecho sajón, y desde donde se recolonizó a partir del siglo XVIII todo el país. La experiencia demuestra que la postura adoptada por los Estados frente a su población campesina es, en última instancia, la causa de su decadencia. Como refiere Sokolowski, "la ascensión de la civilización humana se produce en tanto que las mejores fuerzas se dedican al cultivo de la tierra. La decadencia comienza con el eclipse de la cultura, cuando los fuertes y emprendedores se alejan de la tierra y buscan otros caminos". O como afirma W. Darré, "toda cultura tiene su origen en el tranquilo crecimiento de una fuerza creadora enraizada en el suelo".

W. Darré denomina "HEGEHOF" (“Granja de conservación o reproducción") a la extensión de tierra donde deberá establecerse cada familia de la futura nobleza. Es importante señalar que estos "hegehof" estarán situados en plena campiña, lejos de las ciudades. La ciudad, incluida la mejor diseñada ciudad‑jardín, no sirve para nuestro proyecto. Hay toda una sensibilidad una firmeza de carácter y auténtica profundidad que sólo puede adquirirse conviviendo en plena naturaleza. La ciudad, es cierto, produce tipos vivos, despiertos, pero carentes de ese sentido interior que caracteriza al verdadero dirigente. "Trabajar el suelo de los ancestros, copiamos de W. Darré, luchar con las fuerzas de la naturaleza, criar animales y cuidar de las cosechas en las diferentes estaciones, crea una indiscutible fuerza anímica que es como una parte más de la naturaleza misma, enraizada en ella y creada por ella".

Por otro lado la verdadera autarquía e independencia sólo se dan en el campo, mientras que el parasitismo es el carácter esencial de la ciudad. Por tanto si se quiere establecer de verdad una nobleza entre el pueblo y hacer que supere las más duras pruebas, hay que atarla a la tierra, fuera de la vida artificial de la ciudad.

¿Qué extensión debía tener un "hegehof"?. La suficiente como para permitir una completa independencia económica de la familia, aún en épocas de la mayor escasez. Es ocioso por tanto, toda discusión sobre la extensión de cada finca, que variaría según cada región y la mayor o menor productividad del suelo, bastando que asegure el sustento y decoro de sus habitantes.

Dado que la actual nobleza es la caricatura de la que proponemos y no sirve como base de partida ¿donde se conseguirían los medios económicos para la adquisición de estos terrenos y su posterior adjudicación a las familias apropiadas. Principalmente a través de dos vías: por medio de dotaciones presupuestarias del Estado y con la ayuda de donaciones (un municipio, por ejemplo, podría comprar un "hegehof" para cederlo al más brillante de sus ciudadanos; igualmente una asociación para el más destacado de sus miembros, etc ).

Todos los propietarios de un hegehof" ,esto es, todos los nobles, estarían organizados en una Federación de Nobles, dentro del régimen de la más pura auto‑administración. Esta Federación detentaría la propiedad de todos los "hegehof", otorgándolos con carácter hereditario o revocándolos, según los casos. Sobre las decisiones de este organismo se preveía un veto por parte del Estado, y las diferencias entre ambos se dilucidarían en el Tribunal Supremo. Para la administración de todo este nuevo complejo de la nueva nobleza W. Darré proponía un organigrama que a grandes rasgos detallamos.

Damos por sobreentendido que la finalidad de esta nueva elite sería mejorar poco a poco la calidad biológica de un pueblo dado. Y esta mejora gradual se realiza por medio de la selección. Sólo se puede crear una auténtica aristocracia en sentido etimológico con la aplicación de procesos selectivos. Esta idea, aparentemente tan evidente, ha constituido ‑y constituye‑ tema tabú para la mayoría de las mentes. Sin embargo, aisladas figuras históricas han clamado ‑generalmente en el desierto sobre la necesidad de selección biológica.



Entre ellos Federico en Grande, rey de Prusia que se lamentaba de que "es desagradable ver el trabajo que se toman bajo este rudo clima para hacer crecer piñas, plátanos y otros frutos exóticos, mientras que se ocupan poco de la prosperidad humana. Pero digan lo que quieran, el hombre es más importante que todas las bananas juntas. Es él la planta a cultivar, la que merece todas nuestras atenciones y nuestros desvelos, pues representa el orgullo y gloria de nuestra patria".

Selección y no cantidad. Aquí radica el fondo de la cuestión. No basta con una indiscriminada política de fomento de la natalidad “per se", sino cultivar aquellas estirpes probadas y particularmente valiosas. El drama de nuestra época es que, además de ser cada menos, somos cada vez peores. Dicho en una palabra: es un problema de CALIDAD antes que CANTIDAD.

De ahí la necesidad de reconstruir toda una raza según las leyes de selección. Pero como hasta la fecha no ha habido ni un solo proyecto sistemático de selección humana, hemos de basarnos en la enseñanza de la selección animal, que si posee una experiencia de siglos. No es que tratemos de fundamentar la selección humana en las lecciones de la cría de animales, sino utilizar como referencia enseñanzas de la zootecnia (12).

Ahora bien, ¿que es seleccionar?. Es lograr una descendencia que no sea inferior sus productores, sino en progresión consta en relación a la pareja inicial. ¿De qué dios se valen los criadores?:

Ahora bien, ¿qué es seleccionar? Es lograr una descendencia que no sea inferior a sus productores, sino en progresión constante en relación a la pareja inicial. ¿De qué medios se valen los criadores?

a) La selección en sí, basada en la aplicación metódica de las leyes de la herencia del mendelismo. Ha de orientarse hacia un fin concreto; utilizar en el acoplamiento los individuos más puros, que representen las disposiciones hereditarias previstas para la meta y susceptibles de producir descendientes que ostenten los mismos caracteres.

b) Medidas posteriores al acoplamiento, principalmente tres:

1‑ Desarrollo del embrión: la evolución del germen fecundado en el seno materno debe ser tal que las disposiciones hereditarias se desarrollen en las mejores condiciones.

2‑ La alimentación: la cría de animales demuestra que el tipo de alimentación dado al animal joven influye fuertemente en el desarrollo de sus caracteres en estado adulto (13). Aunque no hemos de caer en el extremo de creer que sólo con una buena alimentación podemos mejorar una estirpe. La alimentación sólo actúa DENTRO de los límites marcados por la herencia.

3‑ otras influencias físicas, principalmente tendentes a conservar la salud de los individuos. Como dice Darré, "no se puede mantener sana una raza sin el correspondiente entorno sano".

Y más específicamente ¿Cuales con las reglas fundamentales por las que se rige la selección animal?:

1‑ Establecer un tipo a realizar por selección, que constituye el fin a alcanzar. Este arquetipo hace el papel de "brújula".

2‑ El mejor es acoplado con el mejor. Es la regla de oro de la selección.

3‑ La capacidad de los descendientes es verificada escrupulosamente. El animal recibirá diversas notas sobre los aspectos que se juzgan importantes: salud, origen, fidelidad al tipo, performances, etc. Cada aspecto recibe una puntuación; si la puntuación final supera determinada cifra, se le retiene para la selección ;si no, se le aparta sin contemplaciones.

Planteadas las anteriores premisas, se ha de proceder a elegir a los individuos susceptibles de convertirse en vectores de la nueva nobleza.

En cuanto a los varones, W. Darré propone su selección basándose en las siguientes premisas:

a‑ Aptitud mínima física y moral, cuya estimación se llevará a cabo por organismos adecuados (14).

b‑ Realización de una acción meritoria especial que redunde en beneficio de la comunidad entera.

Posteriormente, el primogénito varón, si es que mantiene el "standing" mínimo y no renuncia, y una vez haya contraído matrimonio, recibirá la propiedad del "hegehof" y el título de "Edelmann". Los restantes hijos varones ya no pertenecen a la nobleza por lo que deberán desenvolverse en la vida como el resto de los ciudadanos, siendo esto una fuente de mejora genética del conjunto de la sociedad, que es en último término, la meta del proyecto.

Para las mujeres se plantea una clasificación fundamental, dada por Darré en cuatro apartados:

Clase 1: mujeres cuyo matrimonio parece deseable bajo todos los puntos de vista. Hay que requerir unas exigencias mínimas a fin de que lo integren aproximadamente sólo un 10% de la población femenina en edad de casarse.

Clase II: Resto de mujeres sin objeciones desde el punto de vista físico y moral. Corresponderá a la capa más ancha de mujeres.

Clase III: Mujeres irreprochables desde el punto de vista moral pero con taras hereditarias. Se permitirá su matrimonio sólo en caso de esterilización.

Clase IV: Mujeres cuyo matrimonio se debe impedir a toda costa tanto por motivos físicos como morales. Se incluyen en este apartado enfermos mentales, criminales reincidentes, prostitutas, degenerados, etc.

El titular de un "hegehof" siguiendo siempre a Darré, podría tomar como esposa a una mujer de clase I sin ningún otro trámite. En el caso de ser una mujer del grupo II necesitaría una ratificación por parte de la Federación de Nobles. Contraer matrimonio con miembros de las clases III y IV está completamente prohibido por razones obvias.

La clasificación apuntada constituye un filtro de toda la población femenina de forma que sólo la mejor sangre llegue a ser Noble.

Ahora bien ¿en virtud de qué principio se debe proceder a la selección?, o, dicho de otro modo, ¿cuál ha de ser el FIN de la selección? ¿Qué biotipo es el que pretendemos obtener?. "Es preciso, dice Darré, un fin de selección pues una selección sin fin constituiría un contrasentido, al ser aquella la utilización del valor de una genética con vistas a un fin futuro".

Frente a lo que podría creerse la selección no es sólo la destrucción de lo que es indeseable y el mantenimiento de lo que parece utilizable. Esto sólo no puede llevarnos a ninguna parte. Usando un símil arquitectónico, con buenas piedras y materiales puede construirse tanto una obra inmortal como una mamarrachada (15). de ahí la necesidad de establecer un fin a alcanzar mediante una selección rigurosa.

Por tanto, ¿cuál es el prototipo buscado, cuyos caracteres debemos de fijar para iniciar la selección?. La respuesta a esta pregunta podemos obtenerla a través de dos vías:

1 - A través de conocimientos puramente científicos, basados en la zoología. Su defecto principal estriba en que las teorías científicas son frecuentemente demasiado abstractas.

2‑ Buscando en el pasado europeo cuál fue el biotipo que, principalmente, sostuvo la moral y las grandes realizaciones de la raza blanca. Esta vía es la que parece ofrecer mejores posibilidades.

Para W. Darré, así como para los NS alemanes en conjunto, no parece haber duda: "hay hoy una certidumbre absoluta en el hecho de saber quién fue el campeón del germanismo en la Historia ( ... ) Está demostrado que todo lo que tenemos de alemán ha sido creado por el hombre germánico de raza nórdica.

Tal es a grosso modo, el esbozo del proyecto de Walter Darré, el primero del que tengamos noticia con base sólida y bien fundada sobre eugenesia positiva. Tal como caracteriza al periodo nacionalsocialista, en el que se procuraba llevar los proyectos a la práctica lo más rápido posible, la idea de Darré empezó a tomar forma en 1933 (16) aunque sólo de forma parcial. Evidentemente era una idea demasiado avanzada para muchas mentes de aquella época (¡y de la nuestra¡) . Personalmente creo que, en caso de haber salido Alemania vencedora de la guerra, el proyecto habría caído totalmente en la órbita de las SS (el mismo Darré lo era) y se habría llevado a cabo hasta las últimas consecuencias. Desgraciadamente ver que planteamientos de este estudio eran meramente teóricos sin eficacia práctica, y qué otros eran correctos, conocer el resultado global de la prueba, es algo que ya no sabremos nunca.

Pero eso no nos ha de hacer perder de vista a los precursores de algo que se nos ofrece como una oportunidad la última, para una humanidad biológicamente corrompida.

Por lo menos que su lección no caiga en saco roto.

E. Aynat Eknes.